La Asociación para el Impulso y Desarrollo de la Televisión Digital Terrestre reclama al Gobierno ayudas presupuestarias adicionales a las consignadas para lograr la implantación de la nueva tecnología, que, advierte, está en el punto crítico del no retorno.
Así lo ha declarado el presidente de la Asociación para el Impulso y Desarrollo de la Televisión Digital Terrestre (TDT), Joan Majó, que considera que la implantación de la TDT no podrá lograrse sólo de acuerdo con las fuerzas del mercado, sino que será necesario que el Ejecutivo intervenga y que los operadores tomen decisiones que no sean las mejores para sus cuentas de resultados.
Además, Majó advirtió de los dos peligros principales que se ciernen en la implantación de la televisión digital, que a su juicio son el peligro de los descodificadores baratos y el de la obsesión por la cantidad de canales, en lugar de por su calidad.
Majó explicó que el papel de los descodificadores es fundamental, porque la nueva tecnología no llegará mediante la sustitución del parque de televisores, proceso natural que lleva en torno a 12 años, sino que el horizonte del ‘apagón analógico’ –previsto para 2010– obligará a hacer la transición por medio de los descodificadores.
Los descodificadores baratos llevan a una televisión de más calidad de imagen y más canales pero es la misma televisión, porque no tiene prestaciones de almacenamiento y memoria, lo que, según Majó, conllevaría la llegada de una TDT sin calidad, por carecer de posibilidades de interactividad y nuevos servicios. En este sentido, también enfatizó la importancia de la calidad de los contenidos de los nuevos canales frente al peligro de potenciar su número, lo que representaría otro peligro para el futuro interés de la tecnología digital.
Por ello, el presidente de la asociación apostó por llevar a cabo un proceso consensuado basado en objetivos realistas que corrija la que hasta ahora ha sido “la historia de un fracaso”, en referencia a la experiencia de TDT en manos privadas, la liderada por la plataforma Quiero, que cerró en 2002.
Para evitar esta situación, Majó reclamó que la transición no se haga sólo de acuerdo con las fuerzas del mercado, y pidió a los empresarios que actúen con voluntad de país y no de empresa, y al Gobierno que tome decisiones para corregir un ritmo antinatural. Harán falta muchos recursos económicos y tenemos ejemplos en muchos países, que demuestran que las aportaciones presupuestarias deben ser superiores vía presupuestos del Estado, señaló Majó.